Profesora de tejido y costura y guía para quienes quieren reconectar con su creatividad a través de las fibras.
Puede que hayas llegado hasta aquí por curiosidad, buscando cómo empezar a coser o tejer,
o porque alguien te habló de mí.
No importa cómo, gracias por estar.
Creo en aprender haciendo, en disfrutar del proceso, en encontrar calma entre puntos y en crear algo bonito fuera y dentro de ti.
Pero al nacer mi segunda hija fue cuando se convirtió en parte de mi vida diaria
Siempre he estado rodeada de telas y lanas. En casa mi madre cosía y hacía ganchillo y mi abuela siempre tenía las agujas de tejer en la mano, bolillos, costura... lo que hiciera falta.
De pequeña, mi madre me daba para quitar hilvanes, y con los años aprendí a coser —tanto, que durante una época me estuve haciendo mi propia ropa.
Hoy ya no me interesa coser ropa para mí. Sin embargo, disfruto muchísimo coser en miniatura: crear muñecas a mano y vestirlas es algo que me hace feliz sin necesidad de explicación.
Retomé el punto poco antes de que naciera mi hija mayor, justo cuando también empecé a engancharme a la costura creativa. Recuerdo que ella se sentaba conmigo a la máquina y “me ayudaba” a coser bloques de patchwork.
Pero cuando nació mi segunda hija, bebé de alta demanda que necesitaba estar en brazos constantemente, las tijeras y alfileres se quedaron fuera de la ecuación. Tuve que dejar la costura por completo.
Y fue cuando me volqué de lleno en el punto. Descubrí las agujas circulares y descubrí que podía tejer mientras tenía a mi hija dormida en brazos.
Cuando mi hija debutó con diabetes tipo 1, era muy pequeña. Fueron años duros: días de subidas y bajadas, noches sin dormir, controles constantes, y mucha incertidumbre.
En medio de todo eso, el tejido se convirtió en un espacio solo mío. No necesitaba nada más que mis manos, unas agujas y un ovillo. Era mi refugio, el lugar donde podía volver a mí misma.
Aprovechando que mis hijas eran pequeñas, empecé a hacer muñecas tipo Waldorf. Y claro, había que vestirlas. Así que empecé a coser y tejer para ellas.
Luego llegó Mirai, una muñeca Smart Doll —un regalo de Navidad que me llevó a otro nivel: empecé a diseñar ropa específica para ella, a sacar mis propios patrones, a experimentar.
Fue un proceso de aprendizaje brutal. Me impulsó a investigar, a mejorar, a probar y a seguir.
Hace un par de años, la empresa donde trabajaba cerró. Me quedé en paro.
Me formé de nuevo pensando en reincorporarme al mercado laboral, pero cada vez que imaginaba volver a una oficina, sentada delante de un ordenador, sentía que algo dentro de mí se resistía. No era ese el camino.
Woolanie nació con una intención muy sencilla: crear un espacio para mi hija mayor, donde pudiera aprender a tejer aunque yo no tuviera siempre el tiempo o la energía para enseñarle. Un lugar con tutoriales claros, pensados para ella. Pero algo dentro de mí sabía que podía ir más allá.
Porque si el tejido me había dado tanto —refugio, aprendizaje, calma, sentido
Ya sabía que enseñar se me daba bien.
Durante estos últimos años había enseñado a amigas —incluso durante el confinamiento, cuando grababa vídeos que enviaba por WhatsApp para que pudieran verlos todas las veces que necesitaran.
En esas largas tardes de parque, con las agujas siempre en las manos, más de una mamá quiso aprender conmigo. Y algo siempre se repetía: “Deberías enseñarlo en serio”.
Pero no fue hasta que empecé a crear aquel pequeño espacio para mi hija, que algo hizo clic. Pensé:
“¿Y si esto puede ayudar también a otras personas?
Ahí nació de verdad Woolanie.
Con la intención de ser mucho más que un rincón para guardar tutoriales.
Un espacio para acompañar a quienes quieren aprender sin presión. Para compartir lo que el tejido me ha dado a mí: calma, sentido, foco, alegría.
A través del punto, la costura, las muñecas, el hilado, el color... de todo lo que vuelve a conectar nuestras manos con nuestra mente.
Enseñar me llena. Porque sé que crear con las manos es una forma de volver a ti, de parar un momento, de reconectar con lo esencial.
Por eso creé Woolanie: para ofrecer un espacio donde aprender sin prisas, sin exigencias ni perfeccionismo.
Un lugar donde te acompaño de verdad, desde lo que sé y lo que he vivido, con explicaciones claras, apoyo real y los proyectos que siempre has querido hacer.
Aquí encontrarás tanto clases presenciales como formaciones online. Algunas serán gratuitas, otras de pago, pero todas están hechas con la misma intención: ayudarte a aprender de forma sencilla, y que disfrutes mientras lo haces.
Y no, no tengo todas las respuestas. También dudo y sigo aprendiendo constantemente. Pero lo que sí tengo claro es que me levanto cada día con las ganas de ayudarte a encontrar en el tejido lo que yo encontré: un espacio de calma, de creación y de conexión.
Si has llegado hasta aquí, gracias.
Este puede ser solo el primer paso.
¿Te animas a que creemos juntas?
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